jueves, 21 de julio de 2011

Si el día te sonríe, sonríe tu a él.

Hoy no amanecí inspirado para contar esta historia, y teniendo en cuenta que inspirado soy un desastre narrando, ¿queridos lectores, se podrán imaginar lo que puede ser esta historia en peores condiciones? Queridos amigos, me consuela (aunque me mienta a mi mismo)  saber soy uno de los que más ganas pone en el intento de contar historias, aunque sea un pésimo narrador. Lo que alivia mi frustración de mal narrador es saber que esta falta de inspiración no afecta mi buen humor. Intento casi siempre reírme de mis desgracias, y les aseguro que últimamente estoy  todo el día a carcajadas. Según Antonio Semillosa, “tener sentido del humor es ser consiente de la relatividad de las cosas”. Pero en el comienzo de esta aventura hacia tierras gallegas, para Julio, un muchacho de apenas 17 años, no existía ningún motivo para reír por mas relativo que pudiera haber sido este viaje. Primero, porque asistió (acompañado por Pedro) al hospital de Bilbao víctima de una urticaria, y mas tarde se dirigió (acompañado por mi) otra vez al hospital de Barakaldo víctima de una caída en bici. ¿Como se podía levantar el ánimo de  Julio después de semejante encadenamiento de sucesos desafortunados? yo le animaba mientras nos dirigíamos  a urgencias de Barakaldo  con la esperanza de encontrar allí a una bonita y simpática médica como presagio de que la buena suerte empezaba a declinarse hacia su lado después de tan mala pata. Pero la suerte no estaba de su lado ese día, por lo menos en ese momento. La médica que lo atendió no era especialmente agraciada (desde el punto de vista de Julio y mío), su simpatía se presentía ausente en su alma y mas ausente estaba en su cara.  Un chico de 17 años asustado e inexperto en un  viajes de esta magnitud y que asiste dos veces en menos de una hora a urgencias (esta última vez con unas buena magulladuras en sus dedos) mínimo necesitaba una sonrisa tranquilizadora que le diera esperanza. Como les decía, la simpatía era algo que destacaba por su ausencia en la profesional de la sanidad que atendió a Julio. Algo debía hacer yo rápidamente para que Julio se tranquilizara y pudiera dejar de creer que era victima del infortunio.  Fue entonces cuando recordé y tuve la “genial” idea de utilizar unas buenas palabras en forma de pregunta graciosa, empleada por aquel “simpático” doctor de apellido Huose que tanto me divertía:

¿Julio, Preferirías un médico que te coja la mano mientras te mueres o uno que te ignore mientras mejoras?

La cara de Julio después de mi pregunta, se descompuso en pocos segundos, sus ojos lagrimeaban a punto de estallar en un Tsunami  que nos acabaría por ahogar a todos los presentes en aquella sala de espera. No entendía que había fallado en una pregunta tan graciosa empleada para que el muchacho se animara. Pero podía notar por su expresión que el efecto de mi pregunta fue inverso al que pretendía. No parecía en absoluto animarse, cada segundo que transcurría podía verse como empeoraba mas su ánimo. El muchacho trataba de decirme algo mientras era afligido aun más por su miedo. Tenía una vos temblorosa que no lo dejaba expresarse en buenas condiciones, apenas se lo entendía. Hasta que por fin  salió de su boca una tímida  pregunta  casi en silencio:

¿Diego, crees que voy a morir?

Se dice que el pesimista es un optimista  bien informado. Pero Julio era en ese mismo momento parecía estar actualizado con la realidad. Su pesimismo aplastaba todo indicio mínimo de optimismo que podía respirarse en algún lugar del planeta. Si se trataba de buscar alguna otra razón para animar en aquel instante al muchacho,se me ocurrió en preguntarle: 

¿no crees que peor sería tener un médico que te ignore mientras te mueres? 

Ya había causado bastantes inquietudes desagradables en nuestro amigo Julio con mi anterior pregunta y pensé que mejor en esta ocasión debía permanecer callado para no empeorar mas las cosas, aunque amigos lectores, siento decirles que este dialogo no existió en ese hospital de Barakaldo. Es verdad que el muchacho estaba nervioso, inquieto y triste por los desafortunados sucesos, pero en ningún momento temió por la ausencia de sus signos vitales. El problema es que soy un fantasioso exagerado que le parece maravilloso dar rienda suelta a la imaginación, pero cuidado!!! soy consciente de no intentar encontrar una lógica a la imaginación porque me hundiría en la locura, por eso es que prefiero no ponerle limites en mi relatos. 



Julio como bien sabemos,  no iba a morir por un simple golpe en sus dedos, y una hora después gracias a los medicamentos ingeridos (bajo receta médica, no piensen mal), el viento empezó a soplar a su favor, ya empezaba a superar la urticaria. Las cosas empezaron a ir mucho mejor cuando la médico que nos atendió nos informaba esta vez con una bonita sonrisa (que al fin relució), que la caída sufrida por el muchacho solo había provocado una contusión de menor consideración que no le afectaría continuar con el viaje. En esos momentos de retorno a la normalidad, solo nos quedaba apartar el lado sombrío de la vida para quedarnos con esa cara brillante que nos ofrecía. Julio en menos de una hora y por dos veces asistió a la sala de urgencias de distintos hospitales, temeroso de tener que abandonar por fuerza mayor este viaje, ahí estaba otra vez el muchacho, en su bicicleta camino a Santiago de Compostela y acompañado por una cualidad que suele ser dual, esta vez, una de esas dos cualidades había caído del lado de la  buena suerte. Claro, que también acompañaba a Julito el mejor  y más preciado de todos los bienes que la diosa fortuna podía ofrecerle aquel día: sus compañeros de viaje. Éramos  los ocho compañeros del muchacho, fieles  e inseparables amigos que estuvimos con el en esos momentos mas difíciles del comienzo de un viaje que no sería nada fácil. ¿Quién pensaba acaso que los comienzos son fáciles queridos amigos?


domingo, 17 de julio de 2011

Hoy puede ser un gran día.








Tolkien describió muy bien en El Señor de los Anillos el regreso de los Hobbits a la comarca después de que estos seres de cuerpos diminutos y de grandes corazones salvaran la Tierra Media del mal que les avecinaba.  Nadie más que ellos y habitantes de lejanas tierras, eran conocedores de la hazaña que habían conseguido. De modo similar a como se sintió Frodo y sus tres valientes acompañantes nos sentimos pedro y yo junto a los siete héroes del Camino de Santiago al pisar de vuelta tierra firme en Salamanca después de rodar con nuestras bicicletas hasta el cansancio y la extenuación. Como dice el refrán,  fuimos profetas en otras tierras. Así fue, porque fuimos héroes en un lugar lejano donde no solemos ir con frecuencia, por no decir casi nunca, un lugar llamado Nuestro Interior. No hablo del interior de España, hablo del interior de nuestro ser, de nuestro ser mas profundo, ese lugar inexplorado que conocemos por vez primera cuando nos encontramos a prueba y en situaciones que jamás hubiésemos pensado. Podríamos decir  en pocas palabras que fuimos héroes en nuestros corazones.  Solo nuestros corazones son testigos del sufrimiento y de las alegrías por las que hemos pasado en esta aventura. Intentare contar esta historia poco a poco, que como ya sabemos, es la historia de nueve aventureros. El mejor de los narradores no podrá jamás contar con justeza lo que hemos vivido en el Camino del Norte, porque hemos vivido un descubrimiento interior que pertenece solo a cada uno de nosotros.  

Intentando encausar la historia de nuestra aventura, me gustaría aclarar que esta historia no es muy normal y que siendo la normalidad la excusa de la mediocridad generalizada, la historia de esta aventura no es simple de narrar. Todas las  historias contienen implícita una estructura narrativa, un orden y una lógica que nos permita entenderlas, pues esta historia  que intento narrar no es ordenada y mucho menos parece lógico. Por eso insisto en que este viaje esta lejos de ser una historia normal. Los protagonistas son siete héroes, aunque no se si ellos conocen su condición de héroes, espero que algún día lo descubran. Pedro y yo estuvimos con estos siete héroes desde el principio, incluso antes del principio. No quiero olvidarme de Roberto, que tuvo muchas ganas de venir al camino y que no pudo estar. Roberto es educador de santiago Uno, el fue quien estuvo preparando las bicicletas para que los chicos rodaran en  ellas los mejor posible. Pero volviendo a Pedro, se preguntaran muchos ¿quién es pedro?  Pues Pedro es educador de Santiago Uno, le gusta mucho la escalada, le gusta el boxeo deportivo y también le encanta el té verde. Pedro es una persona de una risa entrañable, y el, al igual que sus siete discípulos es una persona de un gran corazón. Pedro es el origen e ideólogo de esta arriesgada, y para algunos, descabellada historia. El fue quien tuvo la genial idea de hacer el Camino de Santiago. Había muchos caminos para elegir ya que todos los Caminos llevaban a santiago de Compostela como también dicen que llegan a Roma, aunque yo una vez llegue a esta ciudad Italiana en avión y no por un camino. El camino que nuestro amigo Pedro eligió es el denominado Camino del Norte, por el cual se llega Santiago de Compostela bordeando la mayoría de la costa Cantábrica, es uno de los caminos  mas duros y arriesgados para recorrer  ¿Y que sería de esta historia sin en riesgo? si es que sin riesgo en el camino, no hay gloria en la llegada. Preferíamos ser locos optimistas antes que ser pesimistas sensatos. 

Lejos de la llegada a Santiago de Compostela y la vuelta a Salamanca, quiero antes hablar del comienzo de esta aventura. El punto de partida elegido del camino fue Bilbao, pero el Camino de Santiago empezó en la cabeza de Pedro y siguió en el despacho de Jesús (director de Santiago Uno), pero no quiero aburrir con burocracia, papeleos y decisiones difíciles a los lectores, por lo que me voy a situar un poco mas allá y pasar de seguir contando detalles previos a  Bilbao, al menos por hoy lo intentaré.  Los nueve protagonistas de la historia, Cristian, Iván, Oscar, Zacarías, Julio, José Pedro, Juan, Pedro y yo, llegamos una tarde cualquiera a Bilbao. En la estación de autobuses de la ciudad vasca aun no teníamos consciencia de lo que nos esperaba. Para que no queden preguntas en el aire y muchas dudas, nos esperaba algo más de 650 kilómetros hasta Santiago de Compostela.  Aunque no éramos conscientes o no queríamos serlo, sabíamos que  todo   viaje comienza dando un primer paso por poco que parezca, y a eso llegamos a Bilbao, a dar nuestro primer pasito. 


Mientras armábamos y preparábamos las bicis llamábamos la atención de casi todos los viandantes de la zona, porque éramos numerosos, parecíamos inexpertos, se nos veía asustados, mostrábamos mucha ansiedad, ¿y para que voy a ocultarlo? hacíamos mucho pero mucho ruido. La primera etapa fue una experiencia agotadora, tuvimos que quitar los embalajes, armar las bicis y posteriormente empezar a pedalear. Dando pedales fuera de la estación de autobuses, mientras transcurría el tiempo, empezamos a notar el cansancio, ya no podíamos seguir avanzando mucho más. Era un cansancio extenuante lo que empezaba a recorrer nuestras entrañas, cada cuesta era un desafío titánico e imposible de superar, cada gota de sudor que caía de nuestras frentes rompía en el suelo con la misma violencia con la que rompe un glaciar. Nuestras caras se desfiguraban con cada metro que avanzábamos, con cada centímetro que le ganábamos al globo, nuestra estampa se transformaba como si un alud de agotamiento nos hubiese arrollado por sorpresa. Ya no podíamos robarle un metro mas al terreno, teníamos que parar y bajarnos cuanto antes de las bicis, antes de desplomarnos en el  asfalto caliente. Eso fue lo que hicimos inmediatamente después de  haber dejado tan solo a doscientos metros detrás la estación de autobuses de Bilbao, esa misma de la que habíamos partido 5 minutos antes para toparnos con un supermercado que parecía un oasis en el desierto. A una velocidad mayor de la que nos movíamos en bici, avanzamos y nos apoderamos de aquel oasis que  ponía en un letrero Supermecados Eroski. En un paseo peatonal cercano de la ciudad y con gran júbilo, engullimos un enorme bocadillo de chorizo. El bocadillo de chorizo en este viaje merece un capitulo especial del que ya hablaré en otra ocasión, porque ahora, me interesa hablar del  momento en que nos mirábamos expectantes mientras engullíamos aquel bocadillo que sabía a gloria, ese momento precisaba un arco del triunfo para conmemorar nuestra victoria. Habíamos logrado avanzar doscientos metros que no era poco. Mientras el bocadillo interactuaba con nuestro paladar, estábamos  todos callados y  pensativos, todos pensábamos en lo que nos quedaba por delante. Era un momento de introspección acompañado de un silencio que  fue irrumpido por las palabras de Julio pidiendo ir a urgencias, victima de un repentino sarpullido que avanzaba por todo su cuerpo y que dejaba su rostro de color blanco y pálido. El chico estaba asustado y nosotros aterrados. La dermatitis avanzaba y asustaba al chico. Cambiamos la prioridad del Camino de santiago por el Camino al Hospital más cercano.  Ya no nos interesaba el Camino del norte, ahora la necesidad se centraba en ir a un hospital cercano mientras el chaval cada vez respiraba peor y perdía el conocimiento poco a poco. Bueno, en realidad Julio respiraba muy bien y no perdió jamás el conocimiento, no pretendo decir mentiras, pero si pretendo darle amplitud a la verdad ya que me pareció un buen final para mantener expectantes a los lectores. Como diría Jack el Destripador, vamos por partes. Hasta la próxima amigos..... 

lunes, 27 de junio de 2011

Santiagos en un mismo camino.

Los viajeros aventureros de Santiago en el "camino" no pretendemos contar lo mismo que ya contaron muchos peregrinos en sus bitácoras. Tampoco pretendemos ser muy distintos a ellos, porque sabemos que tenemos un objetivo en común con la mayoría de los peregrinos que transitaron alguna vez el Camino de Santiago, y no quiero parecer arrogante creyendo saber lo que cada uno de ellos buscaban en sus vidas (que son innumerables), pero me atrevo a decir que todos buscaron en diferente o igual medida la felicidad, o acaso me pregunto si alguien conoce a personas que no quieran ser felices. Lo que pretendemos con este viaje es ser mejores personas y con ello ser un poquito mas feliz de lo que somos actualmente, aunque cada uno de nosotros también tengamos otros objetivos y creencias diferentes. Estoy convencido de que nuestra felicidad no se limitará solo en llegar al destino final del camino. Estoy convencido de que la felicidad viajará con nosotros de incógnito durante todo el camino y que solo una vez, después de que pase nuestro viaje seremos consciente de ella. Porque como decía José Saramago, ...el objetivo de un viaje, es solo el inicio de otro viaje..., porque el viaje no termina jamás. Solo los viajeros terminan. Solo los propios viajeros pueden perdurar en memorias, en recuerdos, en narración. Comenzar otra aventura puede significar una nueva oportunidad para estar siempre honrando la vida, siempre buscando la felicidad, sin rendirnos jamás.

En este viaje tendremos el placer de encontrar una serie exquisita de pruebas por superar y por descubrir. A estas pruebas por descubrir no me gustaría llamarlas problemas, porque solo son pruebas que transformaremos en oportunidades. Y quien diga que esto será fácil es que exalta el conformismo y la mediocridad. Para muchos estas pruebas que aun no conocemos, pueden significar un obstáculo insuperable que impide nuestra felicidad, pero no debemos asustarnos, sino todo lo contrario, porque tenerlas entre nosotros significará una oportunidad para ser mejores. En el afán por "esquivar" todo nuevo obstáculo que nos encontremos en el camino aumentaran los progresos, la inventiva, los descubrimientos, y las grandes estrategias. Con esto no quiero decir que tengamos que estar contentos por cada obstáculo que se cruce en nuestro camino , pero no podemos esperar cruzados de brazos a que el temporal amaine. La creatividad nace de la crisis como el día nace de la noche. Nuestra aventura partirá de esa creatividad y nacerá del primer paso en el camino, mucho antes de que las ruedas empiecen a rodar y levantar el polvo de una tierra que ya fue miles de veces pisada por nuestros ancestros, aquellos ancestros que con mucho sacrificio caminaron por ese mismo lugar, incluso antes de que existiera el camino que mañana pisaremos. Hoy, al igual que mañana, vamos a aprovechar los obstáculos y las pruebas que nos pone el camino para ser mas astutos y mas creativos y sobre todo mas humanos, porque son las dificultades las que nos dan otra oportunidad, porque sin obstáculos no hay desafíos, sin desafíos la vida es una rutina, una lenta agonía. Es en esta nueva aventura, donde una vez mas veremos aflorar lo mejor de cada uno, porque la vida sin obstáculos y problemas es como un molino sin viento. ¿Quien puede saber lo que este viaje puede significar para cada uno de nosotros, quien sabe lo que puede proporcionarnos? tal vez puede ampliarnos visiones del mundo, cambiar nuestra conducta, quitar y mitigar algunos miedos, encontrar un mundo mejor. como dijo el escritor francés Marcel Proust, autor de En busca del tiempo perdido, ...el verdadero viaje de descubrimiento no consiste en buscar nuevos caminos, sino en tener nuevos ojos...